Las campanadas del reloj dan las 12. Comienza la medianoche de
un 19 que será agitado. No agitado por obligaciones y responsabilidades. Agitado
por la ebullición de sensaciones que comienzan a recorrer su mente. La última
campanada suena. Ahí, sentada frente al ordenador, no deja de pensar. Miles de
imágenes reaparecen en su memoria y corren como flashes sin parar. Comienzan a
revelarse rostros, en ellos, se visualizan gestos como sonrisas, miradas dulces
y eternas, ojos que destilan felicidad, labios que reproducen las más tiernas
palabras de amor, consejo y lealtad y así aparecen los cuerpos, aquellos que
fundidos en un mar de besos se convierten en uno, aquellos con una sola alma
que se mezclan entre la gente que va presurosa sin poder apreciar lo bello de
la escena, la magia de ese amor. Sin embargo, cae en la cuenta que ese 19 no es
normal. En ese instante algo moja su rostro. Su vista de repente se vuelve
borrosa. Lágrimas. Sí. Lágrimas brotan de sus cálidos ojos color marrón. La voz
se le esconde, pues las cuerdas vocales se han anudado. Se acelera la
respiración y junto con ella, el ritmo cardíaco. Su corazón intenta salírsele
del pecho. Y las imágenes que pasan. Van y vienen como una autopista cargada de
autos luego de una larga tarde laboral. Siguen pasando. La hacen sonreír pero
sigue sintiendo sus mejillas mojadas que a esta altura, comienzan a tomar una
tonalidad rosada. Siente su cabeza estallar y de repente…silencio en la sala. Silencio
en toda la casa. Nada se escucha. Ni lágrimas brotar, respiración que tomar,
palabras que descargar. Sólo silencio. Aquellas sensaciones eran tan reales
como imposibles de aceptar. Creía estar en un sueño del que nunca despertaría. Pero
sus lágrimas hicieron comprenderlo todo. Nuevamente en stand by, su mente lo
empieza a recordar como antes. Esa sonrisa, esos ojos llenitos de paz, esos
abrazos cálidos que más de una vez hicieron desaparecer hasta la más triste de
las penas y esos besos tiernos y suaves que los hicieron viajar hasta el vasto
infinito, que parecía que podían tocar el cielo con las manos. Pero…todo eso ya
no estaba. ¿Acaso se había escurrido como sus lágrimas en sus mejillas? En su
mente aún lo siente. Aún lo piensa. Cada día. De repente…nuevamente el reloj. Las
campanadas indican que son las 6 am: hora de ir a trabajar. Un nuevo día había
comenzado.
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| SIEMPRE TE RECUERDO. MÁS EN UNA FECHA IMPORTANTE COMO TU CUMPLEAÑOS. |

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