Caminando por las callecitas de Buenos Aires, recordé tu sonrisa cuando me esperaba a la salida del subte, después de haber sobrevivido a él...parecía que no pero cada rincón, cada esquina, cada negocio tenía una historia que contar, algunas graciosas por demás pero hermosas de recordar...hasta que caí que eran sólo eso: "historias que recordar". Ya no estaría esa sonrisa, ni habría momentos para guardar en la memoria y recordar con el corazón alguna que otra tarde de cafés helados bajo el sol o recostados sobre los bosques de Palermo mirando el lago...terminó siendo un paseo por los recuerdos y al mismo tiempo, me hizo recordar que nadie es imprescindible en la vida de uno, que si hay recuerdos, deben quedarse ahí o irse para no agrietar más los débiles corazoncitos rotos que se dejaron en algún lugar...habiendo caído en esa cuenta puede apreciar ese paseo de otra manera, de la que se merecía, estaba con una amiga incondicional, buena persona por demás así que era nuestro momento, el de reírnos a carcajadas cuando nos equivocábamos de calles, de mirar vidrieras con ofertas desde los 1.000$ jaja, de compartir una linda mañana por esas callecitas que hacía tiempo no recorría por miedo a recordar...pero gracias a esa vuelta, a ese regreso, recordé que las personas pasan por nuestra vida pero sólo las que nos quieren de corazón, no están de paso, sino que vienen para quedarse.

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